Cuentan que una vez, un escorpión le pidió a una rana que lo cruzara al otro lado del río.
—¿Cómo sabré que no me picarás? —preguntó la rana.
—Porque si lo hiciera, ambos moriríamos —respondió el escorpión.
La rana confió. A mitad del río, el escorpión la picó.
—¿Por qué lo hiciste? —balbuceó la rana, sintiendo la muerte en su cuerpo.
—Lo siento —dijo el escorpión—, es mi naturaleza.
En este pueblo tranquilo, donde a veces parece que no pasa nada, seguimos viviendo pequeñas historias como esta. Confianzas rotas, promesas que duelen, impulsos que nos vencen… y aun así, seguimos cruzando ríos con quienes quizás no deberíamos.
¿Somos la rana? ¿El escorpión? ¿O tal vez solo testigos del eterno ciclo de la naturaleza humana?
Desde el andador, te lo dejo para pensar.
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