¿Dónde quedó la fiesta?

Llegó septiembre… pero no parece. La plazuela, ese rincón que cada año se viste de luces, risas y juegos, hoy luce apagada. No hay globos, no hay música, no hay niños corriendo entre puestos de antojitos. Lo que antes era el alma de nuestras fiestas patrias, hoy parece un recuerdo suspendido.
Este año, el Grito de Independencia se reubicará al nuevo Palacio Municipal. Algunos lo celebran: “¡Qué orgullo inaugurarlo con el Grito!”, dicen. Pero otros, muchos, sienten que algo se nos escapa entre las manos. Porque el Grito no es solo un acto oficial. Es la reunión de vecinos, el reencuentro con amigos, el abrazo de generaciones que se reconocen en una misma historia.
¿Quién quiere ir a un lugar nuevo, frío, institucional, cuando la plazuela nos ha dado años de tradición, de identidad, de pertenencia? El Palacio puede ser moderno, sí. Pero la alegría no se construye con concreto, sino con memoria compartida.
No se trata de estar en contra del progreso. Se trata de no dejar que el progreso nos robe lo que nos hace comunidad. Si el Palacio se inaugura, que sea con júbilo. Pero que no arruine nuestra festividad. Que no apague el eco de los vivas que cada año retumban en el corazón de Juan José Ríos.
Porque una tradición no muere de golpe. Muere cuando dejamos de defenderla. Y hoy, más que nunca, necesitamos levantar la voz. No solo por Hidalgo, Allende y Morelos. Sino por nosotros, por nuestros niños, por nuestros recuerdos.
¿Y tú, mi pueblo, cómo lo ves?
Descubre más desde La Voz del Andador
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
