En estos días grises, donde el cielo parece hablar por nosotras, vale la pena recordarlo: llorar también es una forma de sanar.
Mujer… cuando tu alma necesite llorar, no te detengas.
Hazlo sin culpa, sin miedo, sin pensar que debes ser fuerte todo el tiempo.
Llora con la lluvia, con una canción vieja o con ese recuerdo que vuelve sin avisar.
No escondas las lágrimas, porque ellas limpian, abren caminos y te devuelven a ti misma.
Después de llorar, tu mirada cambia: se hace más profunda, más sabia, más tuya.
No hay nada más valiente que permitirte sentir, que dejar que el alma respire.
En un mundo que pide sonrisas constantes, detenerte a llorar no es rendirte, es reconocerte.
Porque incluso las mujeres más fuertes necesitan soltar.
Y cuando lo hacen, florecen de nuevo, con la fuerza de la tierra después de la lluvia.
Así que si hoy tu alma está cansada, si la vida pesa o el silencio duele,
recuerda: también se crece llorando.
— La Voz del Andador
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