Rescate mina Santa Fe: el milagro que duele y el abandono que pesa
Desde el andador de Los Mochis, con el polvo de la sierra todavía en las botas, conecto los puntos de lo que pasó en El Rosario. El 25 de marzo de 2026 una presa de jales cedió en la mina Santa Fe y se tragó a cuatro trabajadores. Hoy, a mediados de abril, el balance es duro: dos rescatados con vida, uno sin vida y uno todavía desaparecido. Pero en medio de esa oscuridad, salió una historia que tiene a todo Sinaloa con el corazón apretado.
Francisco Zapata Nájera, de 42 años, originario de Santiago Papasquiaro, Durango, salió caminando después de 14 días atrapado a más de 300 metros de profundidad. Agua hasta la cintura, una lámpara que se apagaba, una burbuja de aire y pura fuerza de voluntad. No comió. Pensó en sus hijas y en su nieta. Y cuando los buzos y rescatistas lo alcanzaron, lo primero que dijo fue: “Yo no perdí la fe”.
Eso no es una frase bonita para redes. Eso es un sinaloense de hueso colorado que se negó a morir solo bajo tierra. Lo sacaron el 8 de abril, lo estabilizaron y lo llevaron en helicóptero al Hospital General de Mazatlán. Otro compañero, José Alejandro Cástulo Colín, ya había sido rescatado vivo días antes. Pero también encontraron el cuerpo de Abraham Aguilera Aguilera, de 33 años, padre de cuatro hijos, originario de Guanajuato. El cuarto sigue sin aparecer.
Rescate mina Santa Fe: más que un operativo técnico, fue un espejo de lo que somos.
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¿Qué falló para que pasara esto?
No fue un “accidente natural”. Fue el colapso de una presa de jales, esos residuos tóxicos que quedan después de extraer oro y plata. El agua y el lodo inundaron las galerías. Los mineros detectaron el peligro y trataron de subir, pero el material los alcanzó.
Aquí conecto el primer punto: en Sinaloa seguimos apostándole a la minería como si fuera el salvavidas económico de la sierra, pero sin invertir lo suficiente en seguridad. ¿Cuántas veces hemos visto promesas de “protocolos estrictos” después de una tragedia? Y luego todo sigue igual hasta la siguiente.
Los rescatistas fueron más de 300 elementos: Ejército, Marina, Protección Civil, CFE, buzos especializados. Bombeo constante de agua y sedimentos, refuerzo estructural, contrapozo, maniobras de alto riesgo. El gobernador Rubén Rocha estuvo pendiente y visitó el sitio. El esfuerzo fue serio y coordinado. Pero ¿por qué tuvo que llegar al límite para que se movieran las cosas?
La fuerza del ser humano vs. la fragilidad de los sistemas
Francisco Zapata sobrevivió con una lámpara, una burbuja de aire y la imagen de su familia. Eso habla de la resistencia del trabajador mexicano, especialmente del que viene de abajo. Muchos mineros en la sierra de Sinaloa son de Durango, Guanajuato, Michoacán… gente que deja su tierra para jugarse la vida por un sueldo que apenas alcanza.
Y aquí conecto otro punto duro: mientras unos pelean por el precio del maíz en las casetas o ven cómo las presas se secan por la calor, otros bajan a 300 metros a extraer mineral para que otros ganen. La minería genera empleo en zonas donde no hay mucho más, pero también cobra vidas cuando la supervisión flojea.
Rescate mina Santa Fe nos obliga a preguntar: ¿cuánto vale la vida de un minero en esta tierra? ¿Por qué seguimos aceptando que en la sierra las reglas sean diferentes? Porque si esto hubiera pasado en una mina de primer mundo, las preguntas serían más incómodas y las consecuencias más rápidas.
Lo que deja este para Sinaloa
Primero, reconocimiento total a los rescatistas. No es fácil bajar ahí, con riesgo de nuevos derrumbes, agua contaminada y oscuridad total. Ellos devolvieron a un hombre con su familia. Eso merece aplauso cerrado.
Segundo, la familia de Francisco. Imagínate 14 días sin saber si tu esposo, tu papá o tu hijo sigue vivo. La angustia que vivieron es inimaginable. Y la de las familias de Abraham quien fue rescatado sin vida y del cuarto minero, que todavía esperan respuestas.
Tercero, la lección pendiente: Sinaloa necesita minería responsable o mejor dejar de jugar a que todo está bajo control. Invertir en tecnología de monitoreo, capacitación real, inspecciones constantes y planes de emergencia que no se queden en el papel. Porque el próximo derrumbe no avisa.
Y cuarto, el contraste con la vida arriba. Mientras abajo peleaban por un respiro de aire, arriba seguimos con la violencia diaria, el agua escasa en el campo y la política que ya huele a 2027. El rescate nos recordó que la esperanza existe, pero también que el abandono es crónico en las zonas olvidadas.
Conectando los puntos sin anestesia
Este rescate mina Santa Fe no es solo una noticia de superación. Es un recordatorio de que en Sinaloa hay dos realidades: la de los reflectores y la de la oscuridad cotidiana. La de los que celebran el milagro y la de los que entierran a sus muertos en silencio.
Francisco salió caminando, envuelto en una manta térmica, entre aplausos de los rescatistas. Salió de pie, como debe salir un hombre que no se rindió. Pero su historia no termina ahí. Ahora viene la recuperación, las preguntas sobre responsabilidades y, ojalá, los cambios reales para que ningún otro trabajador tenga que apostar su vida de esa forma.
Desde el andador, levanto el sombrero al minero duranguense que no perdió la fe. Y exijo, con la voz ronca de tanto andar, que no se repita. Que la minería en Sinaloa deje de ser sinónimo de riesgo innecesario. Que el esfuerzo que se puso en el rescate se ponga también en prevención.
Porque si celebramos el milagro, también tenemos que denunciar el sistema que lo hizo necesario.
Rescate mina Santa Fe: un título que quedará en la memoria sinaloense. Un ejemplo de que el ser humano puede resistir lo inimaginable. Pero también una deuda pendiente con los que trabajan bajo tierra para que otros vivan arriba.
El cuarto minero sigue desaparecido. Las labores continúan. Y nosotros, desde abajo, seguimos conectando puntos: la fuerza de uno, la negligencia de muchos y la necesidad de que Sinaloa deje de normalizar el riesgo como parte del trabajo.
Mientras el andador sigue avanzando, llegó la noticia que nadie quería: identificaron sin vida a Abraham Aguilera Aguilera, de 33 años y originario de Guanajuato. Ya suman dos mineros rescatados con vida y uno fallecido. El cuarto compañero sigue sin aparecer y las labores continúan sin descanso.
Esto ya no es solo un milagro bajo tierra. Es también un recordatorio doloroso de que en la sierra de Sinaloa la minería sigue cobrando vidas cuando la seguridad queda en segundo plano. Tres familias rotas, una todavía en vilo. El esfuerzo de los rescatistas es enorme, pero la pregunta sigue en el aire: ¿por qué tenemos que llegar al límite para valorar la vida de quien baja a extraer el mineral?
¿Cuántos Francisco Zapata más necesitamos para despertar? Ojalá este sea el último.
Puntos Conectados #11 La Voz del Andador Los Mochis, Sinaloa – Abril 2026 – Rescate mina Santa Fe
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