Las elecciones Coahuila 2026 le dieron al país una lección que muchos en Palacio Nacional prefieren no leer con claridad: hay territorios donde la Cuarta Transformación todavía no entra, y Coahuila es uno de ellos. El domingo 7 de junio, el PRI barrió los 16 distritos de mayoría relativa con más del 55% de los votos. Morena y el PT apenas rozaron el 26%. No fue un tropiezo, fue una paliza.
El resultado sacudió los cimientos del relato oficial. Morena lleva años anunciando la muerte política del PRI, y con razón en muchas latitudes. Pero Coahuila es otra historia. Ahí el tricolor resistió, creció y ganó con margen contundente, mientras que el PAN —el otro gran partido de la oposición histórica— se hundió al quinto lugar con un vergonzoso 2.17% de los sufragios. Eso dice mucho del reacomodo de fuerzas que se viene en 2027.
El contexto importa. Coahuila no es cualquier estado. Es una entidad con una tradición industrial y norteña que históricamente ha desconfiado de los movimientos centralistas, sean del partido que sean. El PRI ahí no es el mismo PRI que perdió la Ciudad de México o Oaxaca. Es una maquinaria territorial que conoce cada colonia, cada sindicato, cada familia de peso. Morena llegó con recursos federales, con la fuerza del gobierno de Sheinbaum detrás, y aun así no pudo. Eso no es casualidad, es estructura. Y la estructura, en política, vale más que el discurso.
La respuesta de Morena fue predecible: denuncia de «QRgate», acusaciones de compra de votos con códigos QR, y conferencia de prensa de Ariadna Montiel con cara de derrota. No hay nada nuevo bajo el sol. Cuando un partido pierde en las urnas, siempre encuentra un fantasma al cual culpar. Lo que sí es nuevo —y vale la pena subrayarlo— es que Ricardo Monreal, desde la Cámara de Diputados, alzó la voz sobre presuntas detenciones arbitrarias y uso de la fuerza durante la jornada. Eso no es ruido menor. Eso es la señal de que la derrota dolió en serio.
Para Alito Moreno, el resultado es oxígeno puro en el peor momento. El dirigente priista llegó a estas elecciones Coahuila 2026 cuestionado por dentro y por fuera, con su liderazgo en entredicho y rumores de fracturas internas que no cesan. Ganar 16 de 16 no lo convierte en estadista, pero sí le compra tiempo y le devuelve un argumento que necesitaba desesperadamente: que el PRI todavía gana elecciones. Lo que haga con ese argumento de cara a 2027 es otra historia.
¿Qué leen los analistas en este resultado? Que Coahuila es el recordatorio de que México sigue siendo un país plural, que no toda la geografía electoral obedece al pulso de la Ciudad de México, y que el mapa de cara a las elecciones de 2027 está lejos de ser una alfombra roja para Morena. El PRI de Alito Moreno —vapuleado, cuestionado, dado por muerto tantas veces— encontró en su último bastión norteño la oxigenación que necesitaba para llegar vivo al siguiente ciclo electoral.
Lo que queda claro después de este domingo es que la hegemonía morenista tiene límites geográficos y culturales. El norte no es el sur. Las clientelas políticas no se transfieren de un día para otro. Y los votos, al final del día, los gana quien tiene estructura, presencia territorial y memoria institucional. Le guste o no a la narrativa de la transformación.
El partido que nació para ser historia sigue escribiendo capítulos. Eso también es México.
Por Ciro | Opinión política
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