Cyclospora: qué es, síntomas y cómo protegerte tras el brote de lechugas contaminadas en Estados Unidos

Lupa enfocando microorganismos brillantes sobre una hoja de lechuga en una mesa de cocina, representando la presencia de Cyclospora.

Una alerta sanitaria por lechugas contaminadas volvió a poner sobre la mesa una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿qué tan seguros son los alimentos que consumimos todos los días? El brote de Cyclospora detectado en Estados Unidos no solo provocó el retiro preventivo de productos y encendió las alarmas de las autoridades sanitarias; también recordó que incluso una ensalada puede convertirse en un vehículo para transmitir enfermedades cuando falla la cadena de seguridad alimentaria.

Durante años, nutricionistas y médicos han insistido en aumentar el consumo de frutas y verduras por sus beneficios para la salud. Sin embargo, detrás de cada hoja de lechuga, espinaca o cilantro existe un largo recorrido que comienza en los campos de cultivo, continúa durante la cosecha, el transporte y el procesamiento, y termina finalmente en el plato del consumidor. Basta una falla en cualquiera de esos pasos para que un alimento aparentemente saludable se convierta en un riesgo sanitario.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en Estados Unidos, donde un brote de Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico capaz de provocar una infección intestinal conocida como ciclosporiasis, llevó a las autoridades a investigar el origen de la contaminación y a retirar del mercado productos que contenían lechuga. La noticia rápidamente dio la vuelta al mundo porque afectó a un alimento de consumo cotidiano y porque recordó que este tipo de brotes continúa ocurriendo incluso en países con estrictos sistemas de vigilancia sanitaria.

La preocupación es comprensible. Cuando una enfermedad se relaciona con un alimento que millones de personas consumen casi todos los días, surgen preguntas inevitables. ¿La lechuga es peligrosa? ¿Basta con lavarla para eliminar el riesgo? ¿Cómo llega un parásito hasta una ensalada? ¿Podría suceder algo similar en México? Y, sobre todo, ¿qué podemos hacer como consumidores para proteger nuestra salud?

Responder esas preguntas requiere ir más allá del titular que circula en redes sociales. La seguridad alimentaria es un proceso complejo en el que participan agricultores, empresas, distribuidores, restaurantes, autoridades sanitarias y consumidores. Cuando uno de esos eslabones falla, las consecuencias pueden extenderse rápidamente debido a la enorme capacidad de distribución que tiene actualmente la industria alimentaria.

Más que sembrar miedo hacia el consumo de verduras, este caso representa una oportunidad para comprender mejor cómo se transmiten algunas enfermedades infecciosas y por qué las medidas de prevención comienzan mucho antes de que los alimentos lleguen a nuestra cocina. Entender ese proceso permite tomar decisiones informadas sin caer en la desinformación ni en el alarmismo.

¿Qué ocurrió con el brote de Cyclospora en Estados Unidos?

Las alarmas comenzaron a encenderse cuando distintos departamentos de salud detectaron un aumento inusual de personas con síntomas gastrointestinales compatibles con ciclosporiasis. Los pacientes no vivían en una sola ciudad ni habían comido en un mismo lugar, por lo que los epidemiólogos iniciaron una investigación para encontrar el punto en común.

Mediante entrevistas detalladas y el rastreo de alimentos consumidos durante los días previos a la aparición de los síntomas, los especialistas encontraron un patrón repetido: muchos pacientes habían consumido productos preparados con lechuga iceberg rallada. A partir de esa información, las autoridades sanitarias comenzaron a seguir el recorrido del producto desde los restaurantes y establecimientos comerciales hasta los centros de distribución y, finalmente, hacia su origen agrícola.

La investigación llevó al retiro preventivo de lotes específicos mientras se analizaba la posible fuente de contaminación. Aunque estas medidas suelen generar preocupación entre los consumidores, forman parte de los protocolos habituales de seguridad alimentaria. El objetivo principal es retirar del mercado cualquier producto que pudiera representar un riesgo antes de que aparezcan nuevos casos.

Este tipo de investigaciones rara vez concluye en cuestión de horas. Localizar el origen exacto de una contaminación puede tomar semanas porque implica reconstruir la ruta completa de un alimento, revisar registros de distribución, analizar muestras ambientales y comparar resultados de laboratorio. En ocasiones, incluso cuando el brote ya fue contenido, resulta imposible identificar con absoluta certeza el momento exacto en que ocurrió la contaminación.

Casos como este también ponen de manifiesto la enorme complejidad de las cadenas modernas de suministro. Una misma finca puede abastecer a diferentes procesadoras; una procesadora puede distribuir sus productos a múltiples empresas, y estas, a su vez, abastecer restaurantes, supermercados y establecimientos ubicados en distintos estados o incluso en diferentes países. Esa capacidad de distribución explica por qué un problema localizado puede tener repercusiones de gran alcance en muy poco tiempo.

No es la primera vez que las verduras frescas aparecen vinculadas a brotes de enfermedades transmitidas por alimentos. En las últimas décadas, diversos países han investigado episodios relacionados con lechuga, espinaca, cebollines, cilantro, frambuesas y otros productos agrícolas consumidos crudos. Cada uno de esos eventos ha permitido fortalecer los sistemas de vigilancia sanitaria, mejorar los protocolos de producción y desarrollar nuevas estrategias para reducir los riesgos.

Sin embargo, también han dejado una enseñanza importante: ningún sistema es infalible. La inocuidad alimentaria depende de múltiples factores ambientales y humanos que deben funcionar correctamente de manera simultánea.

¿Qué es la Cyclospora?

Detrás de este brote se encuentra Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico que pertenece al grupo de los protozoarios. A diferencia de las bacterias o los virus, necesita completar un ciclo biológico específico para convertirse en capaz de infectar a las personas.

Cuando una persona consume alimentos o agua contaminados con este microorganismo, el parásito puede alojarse en el intestino delgado, donde comienza a multiplicarse y provoca inflamación del sistema digestivo. El resultado suele ser una diarrea intensa que puede prolongarse durante días o incluso semanas si no se recibe el tratamiento adecuado.

Una característica que distingue a la Cyclospora de otros microorganismos es que no suele transmitirse directamente de una persona a otra. Los huevos del parásito necesitan permanecer cierto tiempo en el ambiente para volverse infecciosos. Esa particularidad hace que la contaminación del agua utilizada para riego o de los alimentos durante su producción tenga un papel mucho más importante que el contacto entre personas.

Precisamente por ello, los especialistas consideran que la prevención debe comenzar desde el campo y mantenerse durante cada etapa de la cadena alimentaria. Comprender cómo un organismo tan pequeño logra llegar hasta una ensalada aparentemente fresca ayuda a entender por qué estos brotes continúan representando un desafío para la salud pública en todo el mundo.

Infografía educativa titulada "Alerta de Cyclospora: Come ensaladas de forma segura", que explica qué es el parásito, las fuentes de contaminación en el cultivo, los grupos vulnerables, la ineficacia del lavado casero y cuándo buscar atención médica.
Guía práctica sobre la ciclosporosis, enfatizando que el lavado común no garantiza la eliminación del parásito y orientando sobre la identificación de síntomas graves.

«Alerta de Cyclospora: come ensaladas de forma segura»

Aunque la Cyclospora solo puede observarse con instrumentos especializados, sus efectos sobre la salud pueden ser muy evidentes. Sin embargo, conocer al microorganismo es apenas una parte de la historia. La verdadera pregunta es cómo un parásito microscópico logra recorrer miles de kilómetros y terminar sobre un alimento que millones de personas asocian con una dieta saludable.

La investigación sobre el brote dejó una enseñanza importante: la Cyclospora no aparece de manera espontánea en una lechuga. Detrás de cada caso existe una cadena de acontecimientos que comienza mucho antes de que el producto llegue a un supermercado o a la cocina de un restaurante. Comprender ese recorrido resulta fundamental para entender por qué las autoridades sanitarias dedican tanto tiempo a rastrear el origen de una contaminación y por qué, en ocasiones, retirar un lote del mercado no significa que todas las lechugas sean peligrosas.

Hablar de seguridad alimentaria implica mirar el problema desde el campo hasta la mesa. Cada etapa representa una oportunidad para proteger los alimentos, pero también un punto donde pueden producirse fallas. En el caso de la Cyclospora, esas fallas suelen estar relacionadas con el agua, el ambiente y las condiciones de producción agrícola.

¿Cómo llega un parásito a una lechuga?

A simple vista parece difícil imaginar que un organismo microscópico pueda sobrevivir sobre una hoja de lechuga. Sin embargo, la naturaleza de este parásito hace que las verduras de hoja sean uno de los vehículos más frecuentes cuando ocurre una contaminación.

El primer factor de riesgo suele ser el agua utilizada para el riego. En muchas regiones agrícolas del mundo, el agua destinada a los cultivos puede contaminarse con residuos fecales humanos debido a sistemas deficientes de saneamiento, inundaciones o descargas de aguas residuales. Si esa agua entra en contacto con los cultivos, el parásito puede quedar adherido a la superficie de las hojas.

Otro momento crítico ocurre durante la cosecha. Las verduras frescas requieren una gran cantidad de manipulación humana y maquinaria. Si las prácticas de higiene no son estrictas, existe la posibilidad de que microorganismos presentes en el ambiente lleguen al producto antes de ser empacado.

Posteriormente viene el lavado industrial, la clasificación y el empaque. Aunque estos procesos buscan eliminar tierra y residuos visibles, no siempre garantizan la eliminación de todos los microorganismos. En el caso de la Cyclospora, la situación es aún más compleja porque sus formas infecciosas muestran una notable resistencia a algunos procedimientos habituales de limpieza.

Finalmente, los alimentos recorren cientos o miles de kilómetros hasta llegar a centros de distribución, supermercados y restaurantes. Durante ese trayecto, la cadena de frío ayuda a conservar la calidad del producto, pero no elimina un parásito que ya estaba presente desde etapas anteriores.

Por esa razón, cuando se detecta un brote, las investigaciones no comienzan en el restaurante donde se sirvió la ensalada. Los especialistas reconstruyen todo el recorrido del alimento para identificar el punto exacto donde pudo haberse originado la contaminación. Es un trabajo similar al de una investigación criminal: cada factura, lote, proveedor y fecha de distribución puede convertirse en una pista.

¿Por qué las verduras de hoja aparecen con frecuencia en estos brotes?

Las lechugas, espinacas, acelgas y otras verduras de hoja verde tienen características que las hacen especialmente vulnerables.

Se consumen casi siempre crudas, lo que significa que no pasan por un proceso de cocción capaz de destruir muchos microorganismos. Además, sus hojas presentan múltiples pliegues y superficies irregulares donde pequeñas partículas pueden quedar adheridas.

A diferencia de otros alimentos, tampoco suelen pelarse antes de consumirse. Todo aquello que permanece sobre la superficie de la hoja tiene mayores probabilidades de llegar directamente al plato del consumidor.

Esto no significa que las verduras sean inseguras. Por el contrario, continúan siendo uno de los pilares de una alimentación saludable. Lo que demuestra este tipo de brotes es la importancia de fortalecer las medidas de prevención durante toda la cadena de producción y distribución.

Los síntomas: cuando una comida saludable termina provocando una enfermedad

Uno de los aspectos que más desconcierta a los pacientes es que los síntomas no aparecen inmediatamente después de consumir el alimento contaminado.

En la mayoría de los casos, la enfermedad tarda aproximadamente una semana en manifestarse, aunque el periodo puede variar entre dos y catorce días. Esa diferencia dificulta que las personas recuerden exactamente qué comieron, complicando también las investigaciones epidemiológicas.

El síntoma más característico es una diarrea abundante y persistente que puede durar varios días o incluso semanas. A diferencia de una simple indigestión, esta diarrea suele aparecer acompañada de fatiga intensa, pérdida del apetito, náuseas, dolor abdominal, gases y una sensación constante de agotamiento.

Algunas personas presentan fiebre baja, mientras que otras experimentan pérdida de peso debido a la dificultad para absorber adecuadamente los nutrientes durante la infección.

En individuos sanos, la enfermedad generalmente no pone en peligro la vida, pero sí puede afectar considerablemente la calidad de vida. Hay pacientes que describen semanas enteras de malestar físico, incapacidad para trabajar o realizar actividades cotidianas.

En personas vulnerables, el escenario puede ser más complicado. La deshidratación causada por la diarrea prolongada representa un riesgo importante para adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades crónicas.

¿Cómo se diagnostica la ciclosporiasis?

A diferencia de otras infecciones intestinales, la Cyclospora no suele detectarse mediante un examen coproparasitoscópico convencional.

El médico debe sospechar la enfermedad con base en los síntomas, los antecedentes alimentarios y, en muchos casos, solicitar estudios específicos capaces de identificar el parásito en las muestras de heces.

Esta es una de las razones por las que algunos pacientes permanecen varios días sin un diagnóstico preciso. Mientras tanto, pueden recibir tratamientos dirigidos contra bacterias o virus que no producen ninguna mejoría porque el origen del problema es completamente distinto.

Una vez identificado el parásito, existe un tratamiento específico que suele ser eficaz para eliminar la infección y acortar la duración de los síntomas. Sin embargo, el diagnóstico temprano continúa siendo una pieza clave para evitar complicaciones y acelerar la recuperación.

¿Quiénes tienen un mayor riesgo de sufrir complicaciones?

Aunque cualquier persona puede infectarse, algunos grupos presentan un riesgo considerablemente mayor.

Los adultos mayores suelen desarrollar cuadros más prolongados debido a que su organismo responde con menor eficacia frente a las infecciones.

Los niños pequeños pueden deshidratarse rápidamente como consecuencia de la diarrea persistente, por lo que requieren vigilancia médica estrecha.

Las personas con diabetes deben prestar especial atención porque la pérdida de líquidos y el desequilibrio metabólico pueden dificultar el control de la glucosa.

Las mujeres embarazadas también requieren una evaluación médica oportuna si presentan síntomas compatibles, ya que cualquier cuadro importante de deshidratación puede afectar tanto a la madre como al embarazo.

Finalmente, los pacientes con sistemas inmunológicos debilitados —como quienes reciben tratamientos contra el cáncer, trasplantes o algunas enfermedades inmunológicas— pueden desarrollar infecciones más prolongadas y difíciles de controlar.

¿Lavar la lechuga elimina completamente el riesgo?

Es una de las preguntas más buscadas en internet y, al mismo tiempo, una de las respuestas que más mitos genera.

Durante años se ha difundido la idea de que lavar las verduras con agua, vinagre o bicarbonato elimina cualquier microorganismo peligroso. La realidad es mucho más compleja.

Lavar frutas y verduras sigue siendo una práctica indispensable porque ayuda a retirar tierra, insectos y parte de los microorganismos presentes en la superficie. Sin embargo, cuando un alimento ya fue contaminado desde su origen, ningún método casero puede garantizar por completo la eliminación de Cyclospora.

El vinagre no es un desinfectante universal. El bicarbonato tampoco destruye todos los microorganismos. Incluso algunos desinfectantes comerciales reducen ciertos riesgos, pero no ofrecen una protección absoluta frente a este parásito.

Eso no significa que debamos dejar de lavar las verduras. Significa que la principal barrera contra estos brotes no está únicamente en la cocina del consumidor, sino en todas las medidas de higiene que deben cumplirse desde el cultivo hasta el punto de venta.

Después de conocer cómo ocurre la contaminación y por qué las medidas domésticas tienen limitaciones, surge una pregunta inevitable: ¿podría registrarse un brote similar en México y qué hacen las autoridades para prevenirlo?

Si prefieres escuchar una explicación más amplia sobre este tema, puedes reproducir el episodio de Salud y Bienestar, donde Elyra Valeris analiza qué es la Cyclospora, cómo se transmite, cuáles son sus síntomas y qué recomendaciones respaldadas por la evidencia científica ayudan a reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.

La seguridad alimentaria suele pasar inadvertida cuando todo funciona correctamente. Cada día millones de personas compran frutas, verduras, carnes y otros alimentos sin pensar en la compleja red de controles que existe para reducir el riesgo de enfermedades. Sin embargo, brotes como el de Cyclospora recuerdan que ningún país está completamente exento de enfrentar este tipo de situaciones y que la vigilancia sanitaria debe mantenerse de forma permanente.

Después de conocer cómo se produce la contaminación, cuáles son los síntomas y por qué algunas personas desarrollan cuadros más graves, queda una pregunta inevitable para quienes viven en nuestro país: ¿podría ocurrir algo similar en México?

¿Puede ocurrir un brote similar en México?

La respuesta corta es sí. Ningún sistema alimentario del mundo puede garantizar un riesgo absolutamente nulo. México es uno de los principales productores y exportadores de frutas y hortalizas frescas, por lo que comparte muchos de los desafíos que enfrentan otras naciones cuando se trata de prevenir enfermedades transmitidas por alimentos.

Eso no significa que exista una situación de alarma permanente. Por el contrario, existe una red de instituciones cuya función consiste precisamente en vigilar que los alimentos cumplan con normas sanitarias antes de llegar al consumidor.

Entre ellas se encuentra la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), responsable de emitir alertas sanitarias, coordinar retiros de productos cuando es necesario y supervisar riesgos relacionados con alimentos procesados y establecimientos comerciales.

A ello se suma el trabajo del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), que participa en la vigilancia de la producción agrícola y promueve prácticas encaminadas a reducir la contaminación durante el cultivo, la cosecha y el transporte de los alimentos.

Ambas instituciones trabajan de manera coordinada con productores, laboratorios y autoridades internacionales para detectar riesgos antes de que se conviertan en problemas de salud pública.

La globalización también juega un papel importante. Hoy en día un alimento puede sembrarse en un país, procesarse en otro y consumirse en un tercero. Esa interconexión hace indispensable el intercambio constante de información entre agencias sanitarias de distintos países. Una alerta emitida en Estados Unidos puede ser relevante para México, del mismo modo que una investigación iniciada en territorio mexicano puede contribuir a proteger consumidores en otras partes del mundo.

En otras palabras, la seguridad alimentaria ya no depende únicamente de las fronteras nacionales, sino de una vigilancia internacional capaz de responder rápidamente cuando aparece un brote.

Cómo reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos

Aunque muchas de las medidas de prevención corresponden a productores, distribuidores y autoridades sanitarias, los consumidores también pueden adoptar hábitos que disminuyan la probabilidad de enfermar.

Todo comienza en el supermercado. Conviene elegir verduras con apariencia fresca, evitar aquellas que presenten signos evidentes de deterioro y procurar que permanezcan refrigeradas cuando así lo requieran. Las bolsas con exceso de humedad o con hojas visiblemente descompuestas deben descartarse.

Una vez en casa, lo recomendable es guardar las verduras en refrigeración y mantenerlas separadas de carnes, pescados y otros alimentos crudos que puedan provocar contaminación cruzada.

Antes de prepararlas, las manos, cuchillos, tablas para picar y superficies de trabajo deben lavarse cuidadosamente. Muchas infecciones alimentarias no se originan en el producto, sino durante la manipulación doméstica.

También es importante utilizar agua potable para el lavado de frutas y verduras y seguir las instrucciones de uso cuando se empleen soluciones desinfectantes autorizadas para alimentos. Aunque estas medidas no garantizan eliminar por completo microorganismos como la Cyclospora cuando la contaminación ocurrió desde el origen, sí ayudan a reducir otros riesgos microbiológicos presentes en los alimentos frescos.

Otro aspecto frecuentemente olvidado es el tiempo que los alimentos permanecen a temperatura ambiente. Las ensaladas preparadas con anticipación no deberían permanecer varias horas fuera del refrigerador, especialmente durante temporadas de calor, ya que esas condiciones favorecen el crecimiento de otros microorganismos capaces de causar intoxicaciones alimentarias.

En restaurantes, buffets o establecimientos de autoservicio también conviene observar las condiciones generales de higiene. La limpieza del lugar, el manejo adecuado de los alimentos y la refrigeración son indicadores importantes del compromiso que tiene un establecimiento con la inocuidad alimentaria.

¿Cuándo es momento de acudir al médico?

Muchas personas optan por esperar a que una diarrea desaparezca por sí sola. En numerosos casos esto ocurre sin mayores complicaciones, pero existen situaciones en las que la atención médica no debe retrasarse.

Si la diarrea persiste durante varios días, aparece sangre en las evacuaciones, existe fiebre elevada, vómitos continuos o signos de deshidratación como sed intensa, boca seca, mareos, disminución de la cantidad de orina o confusión, es indispensable buscar atención médica.

Las personas con enfermedades crónicas, los adultos mayores, los niños pequeños y las mujeres embarazadas no deberían esperar demasiado tiempo para consultar a un profesional de la salud cuando presentan síntomas gastrointestinales importantes.

Intentar automedicarse con antibióticos sin un diagnóstico preciso tampoco es una buena estrategia. No todas las diarreas tienen el mismo origen y utilizar medicamentos inadecuados puede retrasar el tratamiento correcto o favorecer la resistencia bacteriana.

La evaluación médica permite identificar la causa probable de la enfermedad y determinar si es necesario realizar estudios específicos para confirmar el diagnóstico.

Lo que este brote realmente nos enseña

Cada vez que una noticia sobre alimentos contaminados ocupa los titulares, es común que muchas personas reaccionen dejando de consumir el producto involucrado. Ocurrió con la espinaca, con el melón, con el huevo, con diferentes tipos de carne y ahora con la lechuga.

Sin embargo, esa respuesta suele ser temporal y rara vez resuelve el problema de fondo.

La verdadera lección que deja el brote de Cyclospora no es que las ensaladas sean peligrosas. Es que la seguridad alimentaria comienza mucho antes de que una fruta o una verdura llegue a nuestra mesa. Empieza en la calidad del agua utilizada para el riego, continúa con las condiciones de higiene durante la cosecha, el procesamiento, el transporte y la distribución, y termina con las prácticas que cada consumidor adopta en su propia cocina.

También recuerda la importancia de invertir en vigilancia epidemiológica. Los brotes no desaparecen porque dejemos de hablar de ellos; desaparecen cuando existen sistemas capaces de detectarlos rápidamente, rastrear su origen y retirar del mercado los productos involucrados antes de que más personas enfermen.

Paradójicamente, cuando escuchamos que una autoridad sanitaria ordenó el retiro de un alimento, no siempre significa que el sistema haya fallado. En muchos casos demuestra justamente lo contrario: que los mecanismos de vigilancia funcionaron, identificaron un problema y actuaron antes de que las consecuencias fueran mayores.

Para los consumidores, el mejor camino sigue siendo mantener una alimentación rica en frutas y verduras, adoptar medidas básicas de higiene y mantenerse informados a través de fuentes confiables, evitando caer en rumores que suelen multiplicarse durante este tipo de emergencias sanitarias.

Al final, la salud no depende de eliminar alimentos saludables por miedo a un brote aislado. Depende de comprender que detrás de cada plato existe una cadena de responsabilidad compartida en la que participan productores, autoridades, empresas y consumidores. Fortalecer cada uno de esos eslabones es la mejor forma de evitar que un alimento destinado a mejorar nuestra calidad de vida termine convirtiéndose en un riesgo para ella.

Preguntas frecuentes sobre la Cyclospora (FAQ)

Elyra Valeris
Periodista especializada en salud y divulgación científica de La Voz del Andador. Su trabajo se centra en traducir la evidencia médica y científica en información clara, útil y accesible para que las personas puedan tomar decisiones informadas sobre su bienestar.

Descargo de responsabilidad

La información presentada en este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud. Si presentas síntomas compatibles con una enfermedad o tienes dudas sobre tu estado de salud, consulta a un médico. La Voz del Andador y Elyra Valeris promueven la divulgación de información basada en evidencia científica y en fuentes oficiales, pero cada caso debe ser evaluado de manera individual por personal sanitario calificado.


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Elyra valeris

Elyra Valeris
Autora en La Voz del Andador

Pluma afilada, alma antigua y mirada inquisitiva. Elyra escribe desde los márgenes del mundo y del corazón, explorando lo que se susurra o se oculta entre líneas. En sus textos convergen lo místico, lo corporal y lo social, con una constante: la búsqueda de la verdad, incluso cuando incomoda.

Columnista de salud y bienestar, cronista de la condición humana y caminante eterna del andador.

🌒 La calle habla… ella también la escucha.

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